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Curso: "Arte y Shoá"
A cargo de: Eugenia Bekeris
Arte y Shoá - Clase 1
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Bienvenidos
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Bienvenidos al curso virtual "Arte y Shoá" a cargo de Eugenia Bekeris. En este curso recibirán semanalmente una clase a su casilla de mails. Todos los comentarios y preguntas que tengan para el docente, al finalizar la clase, podrán ser realizados haciendo click en el botón "Para hacer una pregunta o comentario" ubicado en la parte inferior de este mail. Para asegurarse que las clases no vayan a Spam o Correo no deseado, recomendamos agregar este remitente a su lista de contactos. Esperamos que disfruten del curso.
Staff Studio Shenkin
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Pensar lo impensable
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Representar lo irrepresentable
Para comenzar a pensar la relación del arte y la Shoá y entrar en el debate en torno a la representación, presentaré dos posiciones filosóficas antagónicas en relación a la representación del horror, precisamente de la Shoá, en el arte.
Estas posiciones en torno a la representación del horror en el arte son parte de una polémica que surge y se desarrolla luego de la presentación de una Exposición en París, titulada Memorias del campo, desarrollado en el 2001, cuyo curador fue Clement Cheroux. Quien escribió el catálogo de la exposición fue Georges Didi Hubermann, uno de los pensadores protagonistas del debate en torno a la representación.
La exposición mostraba cuatro fotografías de los campos nazis de exterminio. En particular, las fotografías se referían a escenas de mujeres que estaban esperando ingresar a las cámaras de gas. Estas son las únicas fotos con las que contamos referidas a esta trágica escena durante la Shoá, el momento previo a la muerte industrializada, por medio de las cámaras de gas.
En el catálogo de aquella muestra, el filósofo Georges Didi-Huberman recordaba la naturaleza incompleta de toda imagen -que nunca será "toda la verdad"-. De todas formas, defendía la importancia de conocer algunas imágenes para conocer el pasado, por traumático que haya sido. Para Didi-Huberman, ése sería el caso de las cuatro fotografías: éstas eran fotografías que nos ayudaban a conocer el pasado, puesto que habían sido tomadas en agosto de 1944 de forma clandestina por los miembros del comando de detenidos obligados en Auschwitz a ocuparse de las cámaras de gas y de los crematorios.
La postura de Didi-Huberman se sintetiza con el título de su libro paradigmático: “Imágenes pese a todo”. Dicho libro comienza con comentarios respecto de las cuatro fotografías de la exposición Memorias del campo. En este contexto defiende las imágenes que nos permiten imaginar y reivindica el valor de la imagen, entendiendo que “ante las cuatro fotografías de Auschwitz, simplemente he tratado de ver para saber mejor. Sabemos hoy que los victimarios no querían dejar rastro alguno, que los involucrara en los asesinatos, por lo tanto se dedicaron a borrar las huellas de sus víctimas así creían lograr el encubrimiento y ocultamiento de su responsabilidad genocida”.
Fotos en Auschwitz, desde el interior de la Cámara de Gas, obtenidas en la clandestinidad por un miembro del Sonderkomando. (hacer click en la imagen para ampliarla) En caso de no ser ver las imágenes: Imagen 1 Imagen 2 Imagen 3 Imagen 4
Por lo tanto explica que el deber moral que tenemos es no dejarnos vencer por la falsa sacralización de lo sucedido y que, por lo tanto, estaríamos frente a lo impensable o ante lo irrepresentable. Pese a todo, pese a que la imagen no nos dice todo, debemos mostrar la representación de la Shoá tal como es y responder e impugnar el deseo expresado por Goebbles que no se pronunciase el Kadish, que se asesinase sin dejar rastro ni memoria.
Didi-Huberman recibió críticas por parte de pensadores afines a Claude Lanzmann, autor del documental Shoah y defensor de la idea de que la Shoá es inimaginable y, por tanto, irrepresentable, hasta el punto de que cualquier aproximación visual es para él una suerte de fetichismo revisionista. Claude Lanzmann adhiere a la iconofobia del judaísmo y, por lo tanto, en su película Shoah privilegia, por sobre la imagen, los testimonios que toma, otorgando especial atención al lenguaje.
 Detalle ampliado del un grupo de mujeres, prisioneras del campo enviadas a la cámara de gas. (ampliar para ver foto) Si no ves la foto, hacé click acá
Por el otro lado del debate nos encontramos con Gérard Wajcman quién, desde su libro “El objeto del siglo” (Amorrortu Editores 2004), propone otra mirada y considera que el texto de Hubermann “Imágenes pese a todo” fomenta el voyerismo y un cierto goce del horror porque parte de un fetichismo hacia al valor de imágenes que, al no poder mostrar la realidad global de los campos, no hacen más que petrificar el poder de la sugestión de una imaginación forzada al límite. La polémica que ha surgido en torno a estas imágenes arrancadas de una realidad extrema pone bajo la duda el valor y la eficiencia de la imagen, como sustento para la reflexión en ella, en su construcción y también en las lecturas de su recepción.
Didi Huberman a pesar de las críticas recibidas enfatiza el valor de la imagen a lo largo de la historia en la lucha del hombre por construir representaciones icónicas que forzarán ir a la imagen más allá, en un esfuerzo por representar lo irrepresentable propone que la imagen puede mostrar lo que no puede ser visto. Didi Huberman explica que no se puede ver el deseo como tal, pero los pintores han sabido encarnar lo para mostrarlo, no se puede ver la muerte, pero los escultores han sabido modelar el espacio como la entrada a una tumba que nos mira. De este modo toda la historia de las imágenes, explica Didi Huberman, puede explicarse como un intento de rebasar visualmente las oposiciones triviales entre lo visible y lo invisible.
Gérard Wajcman, en El objeto del siglo, plantea lo siguiente: “La Shoah existió y permanece sin imagen, sin rastros visibles e inimaginable; es el objeto invisible e impensable por excelencia. La producción de algo irrepresentable, un desastre absoluto totalmente desprovisto de mirada, una destrucción sin ruinas, más allá de la imaginación y de este lado de la memoria: algo sin mirada con el fin de que se nos imponga la ausencia de cualquier imagen de la cámara de gas”.
A su vez, Gerard Wajcman critica a Huberman como un sujeto perverso que expondrá y adorará como reliquias estas fotos de Auschwitz. Llama a esta perversidad “pensamiento impregnado de cristianismo”, puesto que sostiene que es profundamente cristiana la pasión por la imagen. A su vez, continúa diciendo que “estos virtuosos lagrimeos ante estas fotografías tomadas por este grupo de hombres en Auschwitz devela que para Huberman estas cuatro fotografías se han transformado en una reliquia”.
A la hora de hablar de la representación, Gerard Wajcman busca recursos y se basa en estrategias también interesantes y sólidas desde su mirada al arte del siglo XX. El autor elige dos obras del inicio del siglo XX, Rueda de Bicicleta (1913) y el Cuadrado Negro sobre fondo blanco (1915), de Duchamp y Malevich respectivamente, más que para interpretarlas, explicarlas o describirlas, para utilizarlas como palancas desde donde dar cuenta del giro que supuso la entrada en la modernidad y su relación con el arte y la representación. Click para ampliar. En caso de no ver las imágenes hacé click acá: Rueda de Bicicleta Cuadrado Negro sobre fondo blanco
Las elige ya que estas imágenes instalan un cambio sin precedentes que transformó la forma de mirar, de ver, de mostrar, de querer decir del arte y que inseparablemente han dejado sus huellas en la subjetividad del siglo. El arte del siglo apuntaría a insuflar vacío al objeto, vaciarlo -que no es hacer el vacío en él-, proponer nada para ver, enseñar algo de la verdad del mundo, librarse de la representación más no del objeto, tomar las obras como aventuras del pensamiento, pensar el valor de la firma como acto, proponer a la obra, el artista y el espectador como surgidos de un encuentro.
La polémica es apasionante, atraviesa toda la producción contemporánea del arte, la arquitectura comprometida con los Memoriales de la Shoá , la literatura y el cine.
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A modo personal
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Quisiera sumar algunas reflexiones de la psicoanalista Armenia Hêlêlne Piralian , quién en su magnífico libro “Genocidio y Transmisión” dice así: “Si la primera definición de proyecto genocida es el intento de destruir a un pueblo, en su totalidad, desde su origen hasta su devenir, entonces puede decirse que se trata al mismo tiempo, y en la misma medida que el asesinato real de los sujetos presentes, de destruir la cadena simbólica que constituye su genealogía y, por el hecho de desvincularlos del orden humano, de anonadar toda posibilidad de descendencia tanto para los muertos como los sobrevivientes. En este contexto, la negación que acompaña el proyecto genocida se convierte en la pieza maestra dado que, más allá del exterminio de las personas, tiene la función de sostener la desaparición de su existencia pasada a fin de que se transformen no en muertos sino en quienes jamás existieron. Entonces, ante toda esta muerte (la muerte de ellos) y en cuanto a sus herederos, los sobrevivientes hacen suyo el deber de permanecer no ya en el campo de la vida sino en el aun mas fundamental de la existencia y la necesidad, que va forzarlos, sin quieren retener a estos muertos, al margen de la inexistencia, a no tener otro presente posible mas que el tiempo en que aquella muerte se produjo, suspendido y a la vez retomando indefinida e intemporalmente”.
Si el objetivo del genocidio es no dejar rastro ni huella de sus crímenes ni de la responsabilidad de los asesinos y quebrar la cadena simbólica para los herederos que quedan fuera de los procesos de duelo y sin contención legal, y si sabemos que un genocidio es triunfante cuando es olvidado, ¿cómo no vamos a tomar en cuenta toda evidencia sea cual fuese de estos asesinatos para de-construir el montaje genocida y al mismo tiempo reconstruir un espacio simbólico de vida? ¿Cómo vamos a rechazar con tanta convicción como lo hace Wajcman la evidencia que se devela en las 4 fotos que obtiene el Sonderkomando en Auschwitz de escenas nunca vistas de la historia?
Desde mi punto de vista , el arte siempre hace visible lo invisible, y es por este motivo que ante estos límites conceptuales basados en posturas intelectuales contrapuestas, atraviesa muros para ser un disparador a la recuperación de la imaginación . El arte es un inicio a comenzar a recuperar la imaginación sucedido, y a mantener viva la memoria y es por ello que es una herramienta poderosa de resistencia al olvido.
Cada artista que se compromete con la memoria, y trabaja contra el olvido, desarticula la estrategia genocida,
No existe una sola obra que sea representativa de la Shoá en su totalidad cada una aborda un aspecto, y entre todas van reconstruyendo aquel territorio desierto que intentó dejar para siempre el Genocidio, La Shoá.
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Bibliografía
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Georges Didi-Huberman, Imágenes pese a todo, Paidós, Barcelona, 2004. Gérard Wajcman, El objeto del Siglo, Amorrortu editores, Buenos Aires, 2001.
Hèlêne Piralian, Genocido y Transmisión, Fondo de Cultura Económica, México, 2000.
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Preguntas y Comentarios
• Arte y Shoá - Clase 8
agradecimiento Debora malamud
Muchas gracias por todas estas clases. Es increible la variedad dentro del arte, de miradas y formas de recordar, denunciar, expresar. Me ha servido mucho el material para pensar, reflexionar y debatir.
Muchas gracias por todo.
Respuesta: Hola Debora, muchas gracias por tu devolución. Me alegra que un tema tan doloroso y dificil haya sido transmitido desde el compromiso del arte por la memoria, sin dudas el arte como herramienta contra el olvido. El desafío sin dudas es mantener la memoria , el debate y la reflexión en el presente , saludos Eugenia Bekeris
Arte y Shoa Ana Setton
El curso mantuvo un enfoque enriquecedor, agrdezco los aportes, a pesar de lo invivible de la SHOÁ, PUDIERON expresar en palabras y a traves del arte, un tema tan complejo como este. Muchas gracias.Jana
Respuesta: ESTimada Jana me alegra,que luego de tanto trabajo, personal, estudio y reflexión haya encontrado a través de estas clases el modo de transmitir el desafío con los que se encuentran los artistas visuales comprometidos con la memoria del recuerdo de la Shoá , gracias por tu devolución saludos Eugenia Bekeris
comentario MARGARITA LOPEZ
Quería agradecer por la iniciativa de este curso, que en pocas clases nos acercó a un tema tan delicado y polémico como es la representación del horror. Me pareció muy interesante el enfoque con el que fue impartido, mostrando las diferentes posturas que lo abordan, sentí con que ese acercamiento se nos daba el espacio para que consideráramos las ideas reflexivamente y con la conciencia de la toma de postura.
Las clases tenían la información y la documentación justa, me abrieron un mundo por explorar y repensar, conocí artistas y filósofos comprometidos y profundos, cada cual con su ideología y forma de expresión, me enriquecieron muchísimo intelectualmente, me hicieron reexperimentar el placer de cuestionar ideas, y hasta en lo personal descubrí historias familiares que surgieron de inquietudes relacionadas con la temática abordada.
Casualmente mientras hacia el curso leía un libro de Anne Ancelin Schützenberger, una psicóloga social francesa que integrando conocimientos de distintas áreas creo la psicología transgeneracional. Ella propone una tipo de terapia que considera a la persona en un contexto histórico social, y surge del estudio de quienes fueron afectados por las guerras y la inmigración en el siglo XX, y la manera en que esos acontecimientos modificaron su vida y la de sus descendientes
Por ejemplo algo traumático del pasado que no se dice ni procesa conscientemente es transmitido como una especie de herencia genética (actualmente en estudio) de generación en generación. Esto se transforma en un secreto, un “no dicho” familiar, ella lo da el nombre de “mito de la cripta o fantasma”, y lleva a problemáticas aparentemente incomprensibles que aparecen en miembros de la familia, y que en realidad son ecos del no dicho histórico.
Por esto creo que revisar el pasado y permitirse discutirlo es fundamental para entender donde estamos, y poder decidir sobre nuestro presente, ser dueños de nosotros mismos. Borrar la memoria histórica, no sólo deja impune las atrocidades cometidas, también es una forma de despersonalizar y desarmar a las generaciones futuras, porque ellos son el fruto de la historia, pero no lo saben.
Estoy muy contenta con haber participado de este curso, me movilizó muchísimo y me deja la expectativa de que haya otros nuevos, para seguir conectados, incentivándonos desde arte y el pensamiento crítico.
¡Gracias nuevamente por este acto de amor!
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